Ingredientes y cómo leer el INCI

Un formulador de cosmética explica qué son los péptidos para pestañas: «casi todo lo firma el proveedor»

Cuatro nombres impronunciables se repiten en el INCI de casi todos los sérums sin prostaglandinas. Lo llamativo no es lo que prometen, sino quién ha hecho las pruebas que lo sostienen.

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Le das la vuelta al bote, buscas la lista de ingredientes y te topas con esto: Myristoyl Pentapeptide-17. Debajo, otro nombre igual de largo. Y otro más. Escribes el primero en el buscador y lo único que sale son tiendas repitiendo la misma frase de siempre.

Es un punto ciego enorme. Estás a punto de ponerte un producto en el borde del párpado, a un milímetro del ojo, y no sabes qué es ese ingrediente ni quién ha comprobado que sirva para algo. La marca no te lo explica. La caja tampoco.

Los péptidos son hoy el corazón de casi todos los sérums que no llevan prostaglandinas. Son la alternativa. Y solo hay cuatro que vas a ver de verdad en las etiquetas, no veinte. Aquí tienes qué es cada uno, qué se le atribuye y, sobre todo, quién firma las pruebas.

Qué es un péptido, explicado sin química

Una proteína es como un collar largo de cuentas. Cada cuenta es un aminoácido. Un péptido es un trozo corto de ese collar: unas pocas cuentas enganchadas, nada más.

Los nombres raros que lees en la etiqueta te dicen exactamente cuántas cuentas tiene. Tri- son tres. Tetra- son cuatro. Penta- son cinco. Hexa- son seis. Así de simple. El número final (17, 16, 3, 1) es solo un código para distinguir uno de otro dentro de su grupo, no una medida de potencia.

La primera palabra es lo que le han pegado delante al péptido para que aguante mejor y penetre más. Myristoyl es una grasa (ácido mirístico) unida al péptido para que se lleve mejor con la piel. Acetyl es un pequeño grupo químico que lo estabiliza. Biotinoyl es biotina enganchada al péptido.

La idea de fondo es que estos trozos de proteína funcionan como mensajeros. No alimentan el pelo ni lo engordan por fuera: se supone que le mandan una señal al folículo, la bolsita bajo la piel de la que sale cada pestaña.

Los cuatro péptidos que verás de verdad en el INCI

Myristoyl Pentapeptide-17

Es el más repetido en el mundo de las pestañas. Se le atribuye actuar sobre la producción de queratina, la proteína dura de la que está hecho el pelo. La lógica es que un pelo con más queratina sale más resistente y se rompe menos. Si quieres el detalle de este ingrediente en concreto, tiene su propia ficha en la revista.

Myristoyl Hexapeptide-16

Casi nunca lo vas a ver solo. Aparece siempre pegado al anterior en la etiqueta, uno detrás de otro, y hay un motivo muy poco glamuroso: se venden juntos como una sola materia prima. La marca no compra dos ingredientes, compra una mezcla ya hecha (por ejemplo, la que se comercializa como SpecPed Lash 1617) y la mete en su fórmula.

Por eso cuando ves los dos nombres seguidos no estás viendo a un formulador eligiendo dos activos con criterio. Estás viendo un ingrediente de catálogo.

Acetyl Tetrapeptide-3

Este viene del mundo del cuero cabelludo. Es el componente peptídico de un activo comercial llamado Capixyl, que combina el péptido con extracto de trébol rojo. La evidencia que se le atribuye está hecha en cabeza, no en pestañas. Es un salto que las marcas dan sin avisar: si funciona en el pelo de arriba, se asume que funciona en el del párpado.

Biotinoyl Tripeptide-1

Es biotina unida a un tripéptido. Su número de registro químico es el CAS 299157-54-3, y lo encontrarás como el activo estrella de dos materias primas muy conocidas: Procapil y Widelash. Aquí también viene del terreno capilar. Si te suenan esos nombres comerciales de leer publicidad, aquí desmontamos qué hay dentro de cada uno.

Qué nivel de prueba real tiene cada péptido

Y ahora la parte incómoda. No existe ningún ensayo clínico independiente localizado para ninguno de estos cuatro péptidos aplicado en pestañas. Ninguno. Lo que circula por internet como «estudios» son, casi siempre, datos del proveedor que fabrica la materia prima.

Eso significa varias cosas concretas:

  • Los ensayos los paga y los diseña quien vende el ingrediente, no un laboratorio ajeno.
  • Suelen hacerse con muy pocas personas y sin publicarse en revistas científicas con revisión por pares.
  • Muchos se hicieron en cuero cabelludo y se extrapolan a la pestaña, que es un pelo distinto, con un ciclo mucho más corto.
  • Los porcentajes bonitos que ves en los anuncios salen de esas fichas técnicas comerciales.

Ojo con la conclusión. Que algo no tenga evidencia sólida no quiere decir que no sirva. Quiere decir que no está demostrado. Es una diferencia importante y casi nadie la explica.

Hay un motivo legal detrás de todo esto. Un sérum de pestañas es un cosmético, y la normativa europea de cosméticos (el Reglamento 1223/2009) exige que el producto sea seguro y que sus mensajes no engañen. No exige ensayos clínicos de eficacia como sí se le piden a un medicamento. Por eso el sector se mueve con datos de proveedor.

Cómo leer los péptidos en la etiqueta sin que te la cuelen

El INCI es la lista de ingredientes con nombres internacionales. Se ordena de mayor a menor cantidad, pero solo hasta el 1%. Por debajo de ese 1%, el fabricante los coloca en el orden que quiera.

Aquí está la trampa: los péptidos se usan en cantidades diminutas y casi siempre caen en esa zona final. Que un péptido aparezca el penúltimo no significa que haya poco a propósito ni que la fórmula sea mala. Simplemente, la posición ahí abajo ya no te informa de nada. Para entender el resto de la lista, tienes la guía de cómo se lee una etiqueta paso a paso.

Otro detalle práctico: los nombres comerciales como Capixyl, Procapil o Widelash no aparecen nunca en el INCI. Solo aparecen sus componentes. Si una marca presume de un complejo con nombre de marca registrada, busca el péptido correspondiente en la lista de ingredientes. Si no está, algo no cuadra.

Péptidos y prostaglandinas no juegan en la misma liga

Conviene decirlo claro. Los análogos de prostaglandina (bimatoprost, isopropyl cloprostenate y sus parientes) son otra familia completamente distinta. Actúan sobre la fase en la que la pestaña está creciendo, alargándola, y su efecto está mucho más documentado.

El problema es que también tienen efectos adversos documentados: oscurecimiento de la piel del párpado, ojo rojo, y en el caso del bimatoprost, cambios de color en el iris. Esa es la historia completa de esa familia y el motivo por el que buena parte del mercado europeo se ha ido a los péptidos.

Los péptidos no arrastran ese perfil de efectos secundarios. Tampoco arrastran esa potencia demostrada. Es un intercambio: menos riesgo conocido, menos certeza. Sobre esa idea se construyen las fórmulas que renuncian a ellas por completo, como CILARIA, que apoya el péptido en activos de acompañamiento como el pantenol, el ácido hialurónico o el aceite de ricino.

Qué esperar y cuándo hay que parar

Un péptido es una molécula muy poco agresiva, pero eso no te vuelve inmune. Cualquier cosmético puede dar alergia, y el párpado es una de las pieles más finas del cuerpo. Los conservantes y el resto de la fórmula pesan tanto como el activo.

Si aparece dolor, visión borrosa, hinchazón o una irritación que no se va al dejar el producto, se acude al oftalmólogo. No se aguanta, no se espera a ver, y no se busca la respuesta en un foro. Un artículo no diagnostica nada.

La respuesta corta sobre los péptidos para pestañas

Un péptido es un trozo corto de proteína que se usa como señal para el folículo, y en pestañas solo existen cuatro con nombre y apellidos: Myristoyl Pentapeptide-17 y Myristoyl Hexapeptide-16, que van siempre juntos porque se compran juntos, Acetyl Tetrapeptide-3, heredado del cuero cabelludo, y Biotinoyl Tripeptide-1, que viene del mismo sitio. Lo que se les atribuye es razonable y coherente con cómo funciona el pelo, pero el nivel de prueba de los cuatro es exactamente el mismo: datos del fabricante de la materia prima, ninguno con un ensayo clínico independiente hecho en pestañas. Eso los convierte en la opción sensata si quieres evitar las prostaglandinas y sus efectos conocidos, siempre que entiendas lo que estás comprando: una promesa plausible y bien tolerada, no una demostrada.

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