Caída de pestañas y cejas

Una dermatóloga explica el desfase de la caída de pestañas por estrés: «Se cae lo que se paró hace meses»

El disgusto ya pasó, lo diste por superado y ahora se te quedan pestañas en el algodón. El calendario del folículo explica ese retraso y por qué casi nadie lo relaciona.

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Te miras al espejo y el ojo se ve distinto. No sabrías decir exactamente qué ha cambiado, pero el borde del párpado está más despoblado. Al desmaquillarte se queda una pestaña en el algodón. Luego otra. Al día siguiente, dos más.

Y empiezas a repasar la última semana. La máscara nueva, el desmaquillante, el sérum, las noches malas. Repasas todo y no encaja nada, porque llevas meses haciendo exactamente lo mismo de siempre.

El problema es el plazo que estás mirando. La causa de esa caída casi nunca está en esta semana, ni en el mes pasado. Suele estar mucho más atrás, en una época que probablemente ya habías dado por superada.

Qué es el efluvio telógeno y por qué llega con retraso

El efluvio telógeno es una alteración del ciclo del pelo. Un evento estresante hace que muchos pelos que estaban creciendo pasen antes de tiempo a la fase de reposo. La caída se manifiesta después, con meses de retraso.

Para entenderlo hay que saber que un folículo, que es la bolsita de la piel de donde nace cada pelo, no crece sin parar. Trabaja por turnos, y siempre en el mismo orden.

Los tres tiempos del folículo

  • Fase anágena: el pelo está creciendo. Es la fase activa.
  • Fase catágena: fase de transición, muy corta. El folículo cierra la fábrica.
  • Fase telógena: reposo. El pelo ya no crece, solo está sujeto, esperando a que uno nuevo lo empuje fuera.

En condiciones normales cada folículo va por libre. Uno crece, el de al lado descansa, el siguiente está a punto de soltar. Ese desorden es lo que hace que nunca notes la caída: cada día se van unos pocos y cada día vuelven otros pocos. Así funciona el ciclo de crecimiento de las pestañas cuando nada lo altera.

Un pico de estrés rompe ese desorden y sincroniza a muchos folículos a la vez. Un montón de pelos que estaban creciendo se apagan casi el mismo día y se van juntos a reposo. Pero no se caen en ese momento. Se quedan ahí, sujetos, hasta que termina el reposo.

Por eso la caída se ve tarde. Lo que se cae hoy no es lo que está creciendo hoy: es la cosecha que se paró meses atrás y que ahora, toda a la vez, sale del párpado. La Academia Americana de Oftalmología y distintas fuentes españolas incluyen el estrés y la ansiedad entre las causas de pérdida de pestañas.

Por qué las pestañas también entran en este juego

Mucha gente asocia el efluvio telógeno solo al cuero cabelludo, porque es donde se ve el pelo en la ducha. Pero la pestaña y la ceja son pelo, con el mismo ciclo y las mismas fases.

La diferencia es que en la pestaña la fase de crecimiento es mucho más corta que en la cabeza. Por eso una pestaña nunca te llega al hombro: se para sola. Y por eso el efecto de un parón también se nota antes en el borde del ojo que en la melena.

La caída por estrés en pestañas tiene una firma bastante reconocible. Es difusa y afecta a los dos ojos. No deja un hueco redondo y limpio, sino un borde entero más ralo, con la línea menos densa y con pestañas más cortas y más finas de lo que recuerdas. Cuando la pérdida es importante y llamativa, el nombre médico que verás es madarosis, que es el término para la pérdida de pestañas o cejas.

El caso del efluvio postcovid

La COVID-19 dejó el ejemplo más claro que se ha visto de este mecanismo, y en muchísima gente a la vez. Se describió un efluvio telógeno agudo que aparecía aproximadamente tres meses después de la infección.

A los dos o tres meses, hasta una de cada cuatro personas refería una caída importante de pelo. No durante la fiebre. Después, cuando ya se encontraban bien y no ataban una cosa con la otra.

Ese episodio podía durar de tres a seis meses, e incluso llegar al año. La recuperación era esperable en un plazo de entre tres y dieciocho meses. Esos números importan por dos motivos: enseñan que el desfase es real y enseñan que la vuelta también tarda lo suyo.

La lección de fondo es que al organismo le da igual la etiqueta del golpe. Una infección con fiebre, una operación, un parto, una dieta muy dura o una temporada de angustia funcionan igual: son un shock que le dice al cuerpo que el pelo no es la prioridad de este mes.

Cómo saber si de verdad es estrés y no otra cosa

Antes de quedarte con la explicación del estrés conviene descartar lo demás, porque hay causas que sí necesitan otra solución. El estrés es una entre varias razones por las que se caen las pestañas.

  • Tirón mecánico: frotarte los ojos, dormir de cara a la almohada, arrastrar el algodón o llevar extensiones muy seguidas. Eso es caída por tracción, y se reconoce porque falta pelo justo donde hay tensión.
  • Falta de hierro: un depósito bajo se nota en todo el pelo del cuerpo. Se comprueba con una analítica, mirando la ferritina, que es la reserva de hierro del organismo.
  • Tiroides: los desajustes de tiroides afectan al pelo y con frecuencia a la cola de la ceja.
  • Inflamación del borde del párpado: si además hay picor, escamas, costras o los ojos rojos por la mañana, ahí hay algo más que un ciclo alterado.
  • Zonas redondas y limpias: si aparece un hueco sin pestañas de bordes definidos, o si pasa solo en un ojo, eso no es un efluvio y tiene que verlo un profesional.

La regla práctica es sencilla. El efluvio telógeno deja el borde más pobre pero completo. Cuando falta un trozo entero, cuando duele, cuando pica o cuando es asimétrico, la explicación es otra.

Qué puedes hacer mientras dura la caída

Lo primero es entender que no se puede acelerar a voluntad. El folículo tiene su reloj y no acepta prisas. Lo que sí puedes es dejar de sumar daño encima y darle buenas condiciones.

  • Deja de frotarte los ojos. Es el gesto que más pestañas arranca y casi nadie lo cuenta.
  • Desmaquilla presionando y esperando, sin arrastrar el algodón de un lado a otro.
  • Da un descanso a extensiones, curvadores metálicos y máscaras de larga duración.
  • Cuida el sueño y come de forma suficiente. Una dieta muy restrictiva es, en sí misma, otro golpe para el folículo.
  • Si sospechas anemia o tiroides, pide analítica a tu médico en vez de adivinar.
  • En cosmética, lo razonable es acompañar: un sérum acondicionador hidrata la raíz y trabaja sobre la queratina del pelo. Hay fórmulas que evitan los análogos de prostaglandina, como CILARIA, algo a tener en cuenta si el ojo está sensible.

Y hazte una foto de frente, con luz natural y sin maquillaje. En este tema la memoria engaña, y comparar dos fotos separadas por semanas es la única forma honesta de ver si el borde se está repoblando.

Esto se aplica al borde del ojo, así que el listón es bajo. Dolor, visión borrosa, hinchazón, enrojecimiento que no cede, costras al despertar o una zona que se queda pelada sin repoblar son motivo de consulta. Un artículo no diagnostica y no sustituye a esa visita.

Por qué ese desfase es, en realidad, una buena noticia

Aquí está la respuesta que buscabas. El efluvio telógeno no mata el folículo: lo manda a dormir antes de tiempo y a todos a la vez. El folículo sigue vivo debajo, con su fábrica intacta, cumpliendo un reposo que él mismo adelantó.

Y eso significa que la pestaña que hoy se te queda en el algodón no es una pérdida: es un pelo viejo al que está empujando fuera uno nuevo que ya viene detrás. La caída es la señal de que el ciclo se ha puesto otra vez en marcha, no de que se haya detenido.

Por eso el mismo retraso que te impidió relacionar la causa es el que hace que la caída de pestañas por estrés suela ser reversible cuando el desencadenante ya ha pasado: lo que se paró no se murió, los folículos vuelven a arrancar cada uno por su lado y el borde recupera densidad en el plazo de meses que marca el tiempo que tarda en crecer una pestaña nueva.

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