Caída de pestañas y cejas

Una dermatóloga sobre la caída de cejas y pestañas en la menopausia: «No es cuánto pierdes, es por dónde empieza»

Los estrógenos bajan y el pelo se afina: hasta ahí, lo esperable. Hay una excepción que arranca justo en las cejas, avisa con picor y no admite esperas. Aquí está cómo distinguirla.

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Un día te acercas al espejo del baño y la ceja ya no está donde estaba. El extremo se ha vuelto transparente. Y las pestañas, que antes sujetaban dos capas de máscara, ahora parecen pelusa.

No has cambiado de maquillaje. No te frotas más que antes. Simplemente, con la menopausia, la mirada se ha quedado desnuda. La mayoría de las veces esto es un adelgazamiento hormonal previsible y sin gravedad. La mayoría. No siempre.

Hay un cuadro muy concreto que empieza justo ahí, en las cejas, y que pasa meses disfrazado de menopausia. Avanza despacio, casi no se nota al principio y, cuando se identifica tarde, lo perdido no vuelve. Separarlo del afinamiento normal se hace mirando tres cosas, y ninguna de ellas es la cantidad de pelo.

Por qué la menopausia afina las pestañas y las cejas

El pelo de la cara responde a las hormonas igual que el de la cabeza, solo que es más corto y se nota antes. Cuando bajan los estrógenos, el pelo se vuelve más fino, más seco y menos resistente, y las pestañas pierden densidad. No es que se caigan a puñados: es que cada pelo nuevo sale un poco más delgado que el anterior.

A la vez, al caer los estrógenos, los andrógenos (las hormonas llamadas masculinas, que las mujeres también tienen) pasan a mandar más. En algunas zonas del cuerpo eso hace que el folículo, la bolsita de piel de la que sale cada pelo, se vaya bloqueando y produzca un pelo cada vez más pequeño.

La fase de crecimiento se acorta con la edad

Aparte de las hormonas, está el simple paso del tiempo. Cada pelo vive en ciclos: crece durante un tiempo (fase anágena), descansa y se cae. Con los años esa fase de crecimiento se acorta, el folículo se encoge y el cuerpo fabrica menos queratina, que es la proteína de la que está hecho el pelo. El resultado es un pelo más corto, más fino y con menos color, y por eso conviene entender bien cómo funciona el ciclo de vida de cada pestaña antes de asustarse por las que aparecen en la almohada.

Si además notas la piel del párpado más fina y seca, encaja: la piel pierde colágeno al mismo ritmo. Todo eso junto da la sensación de que la mirada «se ha apagado», aunque el número de pelos apenas haya cambiado.

Cómo es el adelgazamiento hormonal normal

La caída hormonal y por edad tiene un patrón bastante reconocible. Es lenta, es simétrica y es difusa, es decir, se afina todo a la vez en lugar de aparecer huecos.

  • Tarda meses o años en hacerse evidente. No aparece de una semana para otra.
  • Afecta a las dos cejas y a los dos ojos por igual.
  • No deja calvas con bordes marcados: la zona se ve poblada pero con pelo más fino.
  • La piel de debajo tiene el aspecto de siempre, con su color normal y los poros visibles.
  • No pica, no escuece y no da sensación de tirantez.
  • Suele ir acompañada del mismo cambio en el pelo de la cabeza, en las piernas y en el resto del cuerpo.

La parte que primero se despuebla suele ser el extremo exterior de la ceja, porque ahí los pelos son de natural más finos y más cortos. Ese detalle, por sí solo, no significa nada grave, aunque tiene varias explicaciones posibles cuando se va la cola de la ceja y algunas merecen una analítica.

La alopecia frontal fibrosante empieza precisamente por las cejas

Aquí está la excepción importante. La alopecia frontal fibrosante es una alopecia cicatricial: una inflamación ataca la parte del folículo donde están las células capaces de regenerar el pelo y la sustituye por tejido fibroso, algo parecido a una cicatriz. Cuando ese folículo se destruye, no vuelve a producir pelo nunca más.

Afecta sobre todo a mujeres posmenopáusicas. Alrededor del 95 % de los casos descritos son mujeres mayores de 50 años, aunque cada vez se diagnostica más en mujeres premenopáusicas y también, con menos frecuencia, en hombres. En la cabeza produce un retroceso lento y simétrico de la línea del pelo en la frente y las sienes.

Lo que la hace difícil de pillar a tiempo es que en muchos casos el primer signo son las cejas, incluso antes de que se note nada en el cuero cabelludo. Y una ceja que se aclara a los 55 años se atribuye a la menopausia sin más. La pérdida de pelo en cejas y pestañas tiene además un nombre médico propio y una lista larga de causas detrás, así que el diagnóstico no se hace por el ojo, sino por cómo está la piel.

Señales que no encajan con un adelgazamiento normal

  • Picor, escozor o sensación de tirantez en la zona de la ceja o en la línea del pelo.
  • La piel donde faltaba pelo se ve lisa, pálida o brillante, sin los puntitos de los poros.
  • Enrojecimiento o pequeños bultitos ásperos alrededor de la base de los pelos.
  • Algún pelo suelto y aislado en medio de una zona ya despoblada.
  • La línea del pelo de la frente ha retrocedido y deja una franja de piel de un tono distinto al del resto de la frente.
  • La pérdida va claramente más rápido que el resto de cambios de la menopausia.

Nada de esto sirve para autodiagnosticarse. Sirve para saber cuándo pedir cita con un dermatólogo en lugar de esperar a ver. El especialista mira el cuero cabelludo y la ceja con un aparato de aumento (tricoscopia) y, si hace falta, toma una pequeña muestra de piel. El objetivo del tratamiento en una alopecia cicatricial no es recuperar lo perdido, es frenar la progresión, y por eso llegar pronto cambia el resultado.

Las dos caídas, una al lado de la otra

Se parece a la menopausia cuando Conviene que lo vea un dermatólogo cuando
El pelo se afina de forma pareja en las dos cejas Hay zonas vacías con bordes definidos
La piel de debajo se ve normal La piel se ve lisa, brillante o sin poros
No hay picor ni molestias Pica, escuece o tira
Va al mismo ritmo que el resto del pelo del cuerpo Las cejas van muy por delante del resto
La línea del pelo de la frente sigue igual La frente parece más alta que hace un año

Otras causas que se confunden con la menopausia

La edad no explica todo lo que pasa en esos años. Antes de dar por cerrado el tema conviene descartar lo evidente, y casi siempre empieza por una analítica.

El tiroides es el sospechoso clásico: cuando funciona por debajo de lo normal, el pelo se vuelve quebradizo y la cola de la ceja se aclara. Las dietas restrictivas y la pérdida de peso rápida también pasan factura, igual que el hierro bajo, que se mide con la ferritina y afecta al pelo antes de dar otros síntomas. Algunos medicamentos habituales a esta edad tienen la caída de pelo entre sus efectos conocidos.

Hay además una causa que aparece de golpe y no tiene nada que ver con las hormonas: las calvas redondas y muy delimitadas de la alopecia areata, que pueden afectar solo a una ceja o solo a una parte de las pestañas. Y está el desgaste mecánico de toda la vida: depilarse la misma línea durante décadas, frotar el ojo para desmaquillarlo, dormir con la máscara puesta o encadenar extensiones sin descanso.

Qué se puede hacer con las cejas y las pestañas que siguen vivas

Mientras el folículo esté sano, se puede trabajar sobre él. Lo primero es dejar de restarle: desmaquillado suave con el ojo cerrado y sin arrastrar, nada de dormir maquillada, pinzas en modo mantenimiento y descansos entre técnicas.

Los sérums cosméticos actúan sobre ese pelo vivo. Los péptidos trabajan sobre la queratina del folículo, el pantenol y el ácido hialurónico hidratan y calman la piel del borde del párpado, y aceites como el de ricino aportan nutrición al tallo. Ninguno reconstruye un folículo que ya se ha cerrado con tejido fibroso, y eso es exactamente lo que hay que tener claro antes de gastar dinero en uno.

Un apunte de formulación que importa en esta etapa: parte de los sérums que circulan usan análogos de prostaglandina, la familia del bimatoprost, con efectos secundarios documentados en el párpado y en el ojo. Hay fórmulas que no los llevan, como CILARIA, y merece la pena saber qué diferencia hay entre un sérum con prostaglandinas y uno sin ellas cuando además tienes el ojo más seco por la menopausia. Si aparece dolor, visión borrosa, hinchazón o una irritación que no cede, el sitio es la consulta del oftalmólogo, no el neceser.

Y aquí está la respuesta que buscabas. Lo que separa el adelgazamiento normal de la menopausia de algo que hay que diagnosticar ya no es cuánto pelo pierdes, es por dónde empieza y qué aspecto tiene la piel: si las dos cejas y las dos filas de pestañas se afinan despacio, sin picor y con la piel de siempre debajo, estás ante el cambio hormonal esperable y el trabajo es de cuidado y paciencia. Si la pérdida arranca en las cejas y va por delante de todo lo demás, con picor o tirantez, con la piel lisa y brillante donde ya no hay pelo, o con la línea del pelo de la frente retrocediendo, toca dermatólogo cuanto antes, porque en una alopecia cicatricial como la frontal fibrosante los folículos destruidos no se regeneran y lo único que se puede ganar es el pelo que todavía no se ha perdido.

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