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CILARIA

Tu abuela y el hanbang coreano pensaban más o menos lo mismo

· 3 min de lectura

Sérum y su caja en un alféizar de mármol, con cerezos en flor, tejados tradicionales coreanos y la torre de Seúl al fondo

Cuando eras pequeña, seguramente alguien de tu familia tenía un remedio para todo. Manzanilla para los ojos, miel para la garganta, una infusión para dormir. Esa confianza en las plantas existe en casi todas las culturas. En Corea tiene nombre propio y una larga historia escrita: hanbang.

Una palabra, una forma de mirar el cuerpo

Hanbang es el término que designa la medicina tradicional coreana. Parte de una idea que resulta muy familiar: el cuerpo funciona como un todo, y su equilibrio se refleja en el exterior. Según esta manera de pensar, la piel no se mira aislada. Se relaciona con el descanso, la alimentación y el ánimo.

Comparte raíces con otras tradiciones del este de Asia, pero desarrolló su propio camino. Su gran libro de referencia es el Donguibogam, una obra médica escrita por Heo Jun, médico de la corte durante la dinastía Joseon. En Corea es un texto muy querido, y su autor aparece incluso como protagonista de series de televisión.

Hoy la medicina tradicional sigue presente en la vida coreana. Hay clínicas específicas y muchas familias conservan la costumbre de los tónicos herbales. Por eso el hanbang no suena a cosa de museo.

Las plantas del tocador

Cuando el hanbang pasa a la cosmética, cambia el cuenco de hierbas por el laboratorio. Las materias primas, en cambio, resultan reconocibles. Estas son algunas de las que aparecen con más frecuencia:

  • Ginseng. La raíz más célebre del país, también en su versión roja.
  • Angélica coreana (danggwi). Una raíz aromática muy presente en las recetas tradicionales.
  • Regaliz. Se usa a menudo en productos para pieles sensibles.
  • Peonía. Una flor apreciada tanto por su belleza como por su raíz.

Muchas veces estas plantas se combinan en lugar de usarse por separado. Esa es una de las señas del hanbang: la fórmula se concibe como una mezcla equilibrada. Algunas marcas recurren además a la fermentación, una técnica muy ligada a la cocina coreana, como bien sabe quien haya probado el kimchi.

Cómo se siente una crema hanbang

Quien prueba un producto de esta familia suele notar dos cosas. Una es el olor, herbal y algo terroso, que recuerda a una vieja farmacia. A unas les encanta y a otras no tanto. La otra es la textura, a menudo más rica y envolvente, muy agradable en pieles secas o maduras.

Eso sí, conviene recordar algo. Que un ingrediente sea natural no significa que le vaya bien a todo el mundo. Las plantas también pueden causar reacciones. Si tu piel es delicada, prueba primero en una zona pequeña. Tampoco esperes de un cosmético lo que corresponde a un tratamiento médico: si tienes un problema de piel, lo adecuado es consultar a tu dermatólogo.

Lo que nos deja esta tradición

Puede que nunca compres una crema con raíz de angélica. Aun así, el hanbang deja una lección útil para cualquiera: cuidarse es una tarea de cada día que incluye dormir, comer bien y tratarse con paciencia.

La cosmética coreana actual se mueve entre esa herencia y la ciencia moderna. CILARIA pertenece a esta segunda orilla: es una fórmula con péptidos y biotina, desarrollada y diseñada por un laboratorio de Corea, sin extractos herbales en su lista. Aun así comparte con el hanbang la idea de la constancia, con su pequeña cita de la mañana y de la noche.

Tu abuela y sus manzanillas lo habrían entendido enseguida.

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