Prostaglandinas y normativa

Un farmacéutico explica cómo saber si tu sérum de pestañas lleva prostaglandinas: «mira las últimas letras»

La palabra prostaglandina no aparece escrita en ninguna etiqueta. Hay cuatro nombres concretos y un detalle del texto de uso que delatan la fórmula antes de abrir el bote.

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Compras un sérum, lo usas unas semanas y las pestañas cambian. Parece una buena noticia. El problema es que no todas las fórmulas hacen lo mismo por dentro, y una de ellas actúa igual que lo haría un medicamento para el ojo.

Esa familia de ingredientes son los análogos de prostaglandina. Funcionan, y por eso se han usado tanto. También tienen efectos documentados sobre el color del párpado, el iris y la grasa que rodea el ojo, y por eso son el ingrediente más vigilado de todo el sector.

Aquí viene lo incómodo. Puedes tener uno en el baño ahora mismo y no saberlo, porque en la etiqueta no vas a encontrar la palabra prostaglandina por ninguna parte. Ni en la caja, ni en el tubo, ni en la ficha de la tienda online.

Por qué la palabra prostaglandina no sale en la etiqueta

Los ingredientes de un cosmético se escriben en INCI, que es un sistema de nombres común para toda Europa. En ese sistema no existe la etiqueta «prostaglandina» como categoría. Cada molécula se llama por su nombre químico completo, y esos nombres son largos, raros y muy fáciles de pasar por alto.

A eso se suma otra cosa: los análogos de prostaglandina se usan en cantidades minúsculas. Como la lista de ingredientes va de mayor a menor cantidad, el nombre que buscas casi siempre está en el último tercio de la lista, apretado entre conservantes y siglas. Justo donde nadie mira.

Por eso la OCU recomienda de forma expresa leer el listado completo de ingredientes de estos productos y no quedarse en la publicidad de la caja. La parte de delante del envase te cuenta lo que la marca quiere contar. La lista de atrás te cuenta lo que hay dentro. Si nunca has leído una, en la guía sobre cómo se descifra el INCI de un sérum paso a paso tienes el método completo.

Los nombres exactos que tienes que buscar

Estos son los que aparecen en los sérums cosméticos. No son todos los que existen, pero sí los que se repiten una y otra vez en las fórmulas del mercado.

Isopropyl Cloprostenate El más frecuente con diferencia. Aparece también escrito como isopropil cloprostenato.
Methylamido Dihydro Noralfaprostal Puede aparecer con guiones o sin ellos.
Dechloro Dihydroxy Difluoro Ethylcloprostenolamide El nombre más largo de todos. También se escribe como Ethyl Tafluprostamide.
Trifluoromethyl Dechloro Ethylprostenolamide Muy parecido al anterior. Se confunden con facilidad.

Merece la pena que te suenen los dos primeros de la tabla, porque son los que más te vas a cruzar. Tenemos una ficha entera dedicada a qué es exactamente el isopropil cloprostenato y de dónde sale, y otra sobre ese trabalenguas que también responde al nombre de Ethyl Tafluprostamide.

Los nombres que son de medicamento

Aparte están el bimatoprost, el latanoprost, el travoprost y el tafluprost. Estos no son ingredientes cosméticos: son principios activos de colirios para la presión del ojo, se venden con receta y los controla un oftalmólogo. Si ves uno de estos nombres en algo que te han vendido como cosmético, ahí hay un problema serio de etiquetado o de origen del producto.

Dónde encontrar la lista y qué hacer si no la ves

En la Unión Europea, todo cosmético tiene que llevar su lista de ingredientes en el envase, precedida de la palabra «Ingredients». Puede estar en la caja, en el tubo, en la pegatina de la base o en un prospecto doblado dentro. Si el bote es diminuto, puede ir en una etiqueta que se despliega.

Si compras online, la lista debería estar en la ficha del producto. Cuando una tienda no publica los ingredientes de un sérum de pestañas, esa ausencia ya es información. Escribe y pídela por escrito antes de comprar. Una marca que no tiene nada que esconder te la manda en un correo.

Ojo también con las compras fuera de Europa y con los envases sin nada escrito en español. Ahí las reglas de etiquetado que te protegen simplemente no se han aplicado, y estás fiándote de la foto de un anuncio.

Las señales indirectas que delatan la fórmula

A veces no llegas a ver la lista. Entonces te quedan las pistas de contexto, y son bastante buenas.

  • Un cambio muy visible y muy rápido. Los activos cosméticos clásicos, como los péptidos, la biotina o el pantenol, trabajan acompañando el ciclo natural del pelo. Un salto espectacular y tempranero encaja mejor con un activo farmacológico.
  • El aviso de no tocar el ojo. Instrucciones muy insistentes del tipo aplicar una línea finísima, retirar el exceso de inmediato y evitar por completo el contacto con el ojo o con la piel de alrededor. Un cosmético suave no necesita tanto blindaje.
  • Advertencias sobre el color. Cualquier mención a un posible oscurecimiento de la piel del párpado o a un cambio de color del iris. Eso no es una precaución genérica: describe efectos propios de esta familia de moléculas.
  • Avisos sobre el glaucoma. Frases como consulta a tu oftalmólogo si estás en tratamiento con gotas para la presión ocular. Esa advertencia existe porque el ingrediente interfiere con ese tratamiento.
  • Un «complejo patentado» sin explicar. Nombres comerciales inventados que no se corresponden con ningún INCI y que la marca no desglosa.

La pista del color del párpado es especialmente útil, porque es uno de los efectos que más se notifican con estas fórmulas. Lo desarrollamos en el artículo sobre la piel del párpado que se oscurece con el uso del sérum.

Lo que no demuestra nada

Que un sérum sea caro no dice nada. Que sea de farmacia, tampoco. Que lo venda una marca conocida, menos todavía. Y al revés: que un producto tarde en notarse no prueba que esté limpio, solo prueba que tarda.

Tampoco te fíes de la frase «sin prostaglandinas» impresa en la caja sin nada más. Es una afirmación comercial, y lo que la sostiene o la tumba es la lista de ingredientes que hay tres centímetros más allá. Hay fórmulas que construyen todo su planteamiento alrededor de no usar esta familia, y trabajan solo con péptidos, aceite de ricino, hialurónico y vitaminas del grupo B; es el caso de CILARIA. Pero eso se comprueba leyendo, no creyendo. En la guía sobre qué llevan de verdad los sérums que se declaran libres de prostaglandinas lo vemos con calma.

Qué hacer si encuentras uno de esos nombres

Lo primero, no entres en pánico. Encontrar el nombre significa que ahora sabes lo que te estás poniendo, que es exactamente lo contrario de un problema.

Si lo estás usando y notas molestias que no se van, enrojecimiento persistente, hinchazón, dolor o cualquier cambio en tu visión, deja de aplicarlo y ve al oftalmólogo. Eso no lo resuelve un artículo. Y si has tenido una reacción, se puede comunicar oficialmente: te explicamos cómo se notifica una reacción adversa a un cosmético en España, porque esos avisos son los que acaban sacando productos del mercado.

La regla de las últimas letras

Y ahora la parte que resuelve todo esto en diez segundos, sin memorizar cuatro nombres imposibles. No leas la palabra entera: mira cómo termina. Todos los análogos de prostaglandina comparten el mismo trozo final heredado de la molécula original, y ese trozo siempre contiene las letras prost: acaban en -prost, -prostal, -prostenate, -prostamide o -prostenolamide. Coge la lista de ingredientes, y si estás en el móvil o en el ordenador usa el buscador de la página con la palabra «prost». Si esas cinco letras aparecen en cualquier punto de la lista, por muy enterrado que esté el ingrediente, tu sérum lleva un análogo de prostaglandina. Si no aparecen en ninguna parte y la lista está completa y visible, no lo lleva. Y si directamente no hay lista que buscar, la respuesta no es que no lo lleve: la respuesta es que no lo sabes, y ese es el único caso en el que conviene dar por hecho lo peor.

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