Prostaglandinas y normativa

Bimatoprost para pestañas: en la ficha técnica española, que crezcan figura como reacción adversa

Lo que media industria vende como el mejor resultado posible, el documento oficial del fármaco lo anota en otra columna muy distinta. Y esa columna lo cambia todo.

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Existe una molécula que hace crecer las pestañas de verdad, con pruebas y con papeles oficiales detrás. Se llama bimatoprost. Y no está en el lineal de una perfumería: está detrás del mostrador de la farmacia, con receta, guardada como lo que es.

El detalle que casi nadie cuenta es dónde aparece escrito ese crecimiento. No en un folleto de belleza ni en un anuncio. Aparece en el documento técnico oficial del medicamento, el que consulta tu médico, y aparece en un sitio muy concreto de ese documento.

Entender esa línea te ordena de golpe todo el mercado de los sérums de pestañas. Por qué unos prometen resultados espectaculares, por qué otros presumen de no llevar cierta familia de moléculas y por qué un producto famosísimo en Estados Unidos no está aquí en las mismas condiciones. Vamos por partes.

Qué es el bimatoprost y para qué se inventó

El bimatoprost es un principio activo, es decir, la sustancia que hace el trabajo dentro de un medicamento. Pertenece a la familia de los análogos de prostaglandina. Las prostaglandinas son sustancias que tu propio cuerpo fabrica y que regulan procesos internos; un análogo es una copia de laboratorio que imita a la original y actúa sobre los mismos interruptores biológicos.

No se creó pensando en la belleza, sino para bajar la presión dentro del ojo. Su nombre comercial más conocido es Lumigan, y también hay versiones genéricas con el nombre del principio activo.

La ficha técnica de Lumigan en CIMA, el registro público de medicamentos de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, es muy clara con su indicación: reducción de la presión intraocular elevada en el glaucoma de ángulo abierto crónico y en la hipertensión ocular en adultos. Una gota en el ojo afectado, una vez al día, por la noche. Eso es todo lo que está autorizado a hacer.

Cómo se descubrió que el bimatoprost hacía crecer las pestañas

La historia es de las que suenan a casualidad, y lo fue. Personas con glaucoma llevaban meses poniéndose sus gotas cada noche y, en las revisiones, empezó a repetirse el mismo comentario: las pestañas del ojo tratado estaban más largas, más gruesas y más oscuras que las del otro.

No era una impresión suelta. Se repetía tanto que acabó registrado en la documentación del fármaco. En la ficha técnica de Lumigan 0,3 mg/ml, el crecimiento de las pestañas figura entre las reacciones adversas muy frecuentes, es decir, las que afectan al menos a una de cada diez personas tratadas. Ahí está, en la misma lista que el picor de ojos y el enrojecimiento del blanco del ojo.

Piénsalo un segundo. Lo que media industria vende como el gran objetivo, el documento oficial lo anota como un efecto no buscado. Ese matiz no es un capricho burocrático.

De efecto molesto a producto propio

Si un efecto secundario le gusta a mucha gente, alguien acaba convirtiéndolo en producto. Eso pasó en 2008, cuando la agencia del medicamento de Estados Unidos, la FDA, aprobó una presentación de bimatoprost para la hipotricosis de las pestañas, que es tener pestañas escasas o insuficientes. Esa presentación es la que se conoce como Latisse.

La forma de usarlo cambia respecto al colirio. Ya no cae una gota dentro del ojo: se aplica con un aplicador en la línea donde nacen las pestañas del párpado superior, una vez al día. Según la información divulgativa de la Fundación Piel Sana de la Academia Española de Dermatología y Venereología, hace falta un uso mantenido de al menos dos meses para ver aumento de longitud y grosor, junto con un oscurecimiento del color del pelo.

Y hay una segunda parte que se cuenta menos: el efecto es transitorio. La misma fuente sitúa su duración entre cinco y once meses. Cuando el estímulo desaparece, la pestaña vuelve poco a poco a su patrón de siempre, igual que ocurre al abandonar cualquier producto que actúe sobre el ritmo con el que nace y cae cada pelo.

Por qué en España el bimatoprost es medicamento con receta

En España, todas las presentaciones de bimatoprost registradas en CIMA están clasificadas como medicamento sujeto a prescripción médica, y su indicación autorizada es la ocular: hipertensión ocular y glaucoma. Ninguna está autorizada para las pestañas.

Eso tiene una consecuencia práctica: usar bimatoprost para las pestañas en España es un uso fuera de indicación. Fuera de indicación significa emplear un medicamento para algo distinto de aquello para lo que fue aprobado. No es automáticamente un delito ni una barbaridad, pero es una decisión que corresponde a un médico, con un motivo y con seguimiento.

La razón de fondo es sencilla. Un cosmético limpia, perfuma, cambia el aspecto o mantiene en buen estado. Un medicamento actúa sobre una función del organismo. El bimatoprost actúa sobre el folículo y sobre la presión del ojo, así que encaja en la segunda casilla. Por eso quien tiene el ojo delicado debe hablar antes con su oftalmólogo, y con más motivo si hay antecedentes de glaucoma o presión ocular alta en la familia.

Qué dice el documento oficial sobre los efectos en el ojo

Aquí es donde conviene leer sin filtros. La ficha técnica advierte de dos cambios que hay que explicar al paciente antes de empezar, porque algunos pueden ser permanentes.

El aumento de pigmentación del iris

El iris es la parte de color de tu ojo. Con bimatoprost puede oscurecerse: la pigmentación marrón alrededor de la pupila se extiende poco a poco hacia fuera y el iris, entero o por zonas, tira a más marrón. El texto oficial explica que no se crean melanocitos nuevos, sino que las células que ya tienes fabrican más melanina, y que ese cambio es probablemente permanente.

La incidencia registrada a los doce meses con bimatoprost 0,3 mg/ml fue del 1,5%, y no aumentó en los tres años siguientes de tratamiento. Es poco frecuente, pero es real, y es la base de una duda que se repite mucho cuando alguien se plantea si un producto para pestañas puede cambiarte el color de los ojos.

La periorbitopatía asociada a análogos de prostaglandina

Ese nombre largo describe un conjunto de cambios alrededor del ojo. Aparece en la ficha técnica como reacción adversa muy frecuente. Incluye cosas como el hundimiento del surco del párpado, la piel de alrededor más oscura y la aparición de vello donde no lo había.

La buena noticia está en el mismo documento: la hiperpigmentación de la piel periocular y la hipertricosis se describen como parcial o completamente reversibles al interrumpir el tratamiento o cambiarlo. Es justo el fenómeno que hay detrás de las consultas por la mirada que parece más hundida con el paso de los meses. Al hilo, otros efectos frecuentes anotados son hiperemia conjuntival, picor, sequedad, blefaritis y enrojecimiento del párpado.

Nada de esto se diagnostica leyendo un artículo. Si notas dolor, visión borrosa, hinchazón o una irritación que no cede, deja el producto y ve al oftalmólogo.

Latisse en España y el mercado de los sérums de venta libre

Conviene ser exacto con este punto. En el registro CIMA de la AEMPS no figura ningún medicamento llamado Latisse. Lo que sí figura, y con receta, es el bimatoprost en su formato de colirio para el ojo. Que un producto sea famoso fuera no significa que esté disponible aquí en las mismas condiciones.

Al mismo tiempo, en el mercado cosmético circulan otras moléculas de la misma familia, con nombres que en la etiqueta parecen inofensivos. La más conocida es el isopropil cloprostenato y sus primos de nombre kilométrico. El comité científico europeo de seguridad de los consumidores ha concluido que estos análogos de prostaglandina no deben usarse en cosméticos, y menos en una zona tan delicada como el borde del ojo.

Por eso muchas marcas han tomado el camino contrario y construyen la fórmula con péptidos, biotina, pantenol, aceite de ricino o ácido hialurónico, sin ningún análogo de prostaglandina. CILARIA es un ejemplo de esa decisión de formulación. Si quieres comprobar de qué lado está lo que tienes en casa, lo más útil es aprender a reconocer esos nombres en la lista de ingredientes.

La respuesta: dónde está exactamente la frontera

La frontera entre medicamento y cosmético no la marca el envase, ni el precio, ni la tienda donde se vende. La marca el mecanismo. Y el bimatoprost la cruzó el día en que su propia documentación tuvo que anotar el crecimiento de las pestañas como reacción adversa muy frecuente, porque una molécula que altera el ciclo del pelo y que puede oscurecer el iris de forma probablemente permanente no está cambiando tu aspecto: está modificando cómo funciona tu ojo. Eso, por definición legal, es un fármaco y no un cosmético. Por eso en España se dispensa con receta y solo para glaucoma e hipertensión ocular, por eso ponerlo en las pestañas es un uso fuera de indicación que decide un médico, y por eso un producto pensado para pestañas con ese activo nunca puede ser un cosmético de perfumería: si lo fuera, se estaría vendiendo un medicamento sin las garantías, la vigilancia y el control que un medicamento exige.

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