Casos especiales y contraindicaciones

Quién no debe usar un sérum de pestañas: las cinco situaciones en las que conviene parar antes de abrir el bote

La mayoría de los ojos toleran bien un sérum de pestañas. Unos cuantos no, y casi ninguno de esos casos viene escrito en la caja. Esto es lo que hay que mirar antes de la primera gota.

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Te llega el bote, lo abres, lees las instrucciones de la caja y encuentras siempre lo mismo. Aplica una línea fina en la raíz. Una vez al día. Ten paciencia. Lo que casi nunca aparece escrito es a quién no le conviene empezar.

Y esa parte importa más que el resto. Un sérum de pestañas se pone a un milímetro del borde libre del párpado, pegado a la línea de agua, sobre la piel más fina de todo el cuerpo. Para la mayoría de la gente eso no supone ningún problema. Para unas cuantas situaciones concretas, sí.

No se trata de asustar a nadie. Se trata de orden. Hay momentos en los que primero se resuelve otra cosa y solo después se piensa en el pelo de las pestañas o de las cejas. Vamos con la lista completa y, sobre todo, con el criterio que hay detrás de cada caso.

Antes de la lista: de dónde salen estas precauciones

Un sérum de pestañas es un cosmético. Cuida el pelo que ya tienes y el terreno donde nace: lo hidrata, lo hace más flexible, reduce el roce que lo parte. No es un medicamento y no debería comportarse como tal.

El problema es que la conversación sobre contraindicaciones no nace de los cosméticos. Nace de un fármaco. El bimatoprost es el principio activo de un colirio que se receta para bajar la presión del ojo en el glaucoma. Al usarlo se observó un efecto secundario llamativo: a los pacientes les crecían las pestañas.

De ahí salieron dos cosas. Una, fórmulas cosméticas que incorporaron moléculas de esa misma familia, los llamados análogos de prostaglandinas. Y dos, una lista de precauciones muy detallada, escrita para el medicamento y para el ojo de un paciente con glaucoma.

Aviso importante y honesto: casi todo lo que vas a leer a continuación procede de la ficha de ese medicamento, no de un cosmético. No es lo mismo un colirio que entra en el ojo que un sérum que se queda en el borde del párpado. Pero cuando algo se aplica en esa zona, lo prudente es partir de lo que ya está documentado. Con esa advertencia por delante, esta es la lista.

1. Embarazo y lactancia

Es el primer grupo y el que más dudas genera, porque no hay un dato que diga «esto hace daño». Lo que hay es ausencia de datos, que no es lo mismo.

Con las embarazadas no se hacen ensayos clínicos de cosmética. Nadie va a probar un sérum de pestañas en un grupo de mujeres embarazadas para ver qué pasa. Así que el fabricante no puede afirmar que sea seguro, y tú no puedes comprobarlo.

El comité científico europeo que revisa estos ingredientes, el SCCS, ha subrayado un detalle que lo explica todo: las usuarias de estos productos son mayoritariamente mujeres en edad fértil. Es decir, el perfil de quien compra un sérum de pestañas coincide con el perfil de quien podría estar embarazada sin saberlo todavía.

El criterio práctico es simple. Se pausa. Nueve meses de pausa no arruinan nada, y las pestañas siguen ahí. Si quieres el detalle de qué se sabe y qué no, lo desarrollamos en el artículo sobre usar sérum de pestañas estando embarazada, y el mismo razonamiento vale para el periodo en el que estás dando el pecho.

2. Cualquier cosa activa en el ojo o en el párpado ahora mismo

Esta es la contraindicación más frecuente y la más ignorada. No es una enfermedad crónica ni nada grave: es tener algo pasando en el ojo hoy.

Entra aquí cualquier cuadro en marcha. Una conjuntivitis. Una dermatitis en el párpado. Una alergia estacional con los ojos rojos y llorosos. Un ojo que se ha pasado dos días con un cuerpo extraño dentro. Y muy especialmente dos clásicos del borde del párpado.

El primero es la blefaritis, esa inflamación crónica del borde del párpado que deja costritas en la base de las pestañas y una sensación de arenilla. El borde ya está irritado; añadir un producto nuevo encima es echar leña. El segundo es el orzuelo, que es una glándula del párpado infectada, y que pide resolverse antes que ninguna otra cosa.

Entre las precauciones documentadas del bimatoprost aparece además la inflamación intraocular activa, la uveítis. En cristiano: cuando el interior del ojo está inflamado, no es momento de introducir nada nuevo en la ecuación.

El criterio aquí es de sentido común y sirve para el resto de la piel: sobre un tejido inflamado no se estrena producto. Primero se apaga el fuego, se deja unos días de calma, y luego se retoma.

3. Cirugía ocular reciente y riesgo de edema macular

Este es el bloque más técnico y el que más gente se salta porque no entiende las palabras. Vamos a traducirlas.

La mácula es el centro de la retina, la parte del ojo con la que lees esto. El edema macular es acumulación de líquido en esa zona, y afecta directamente a la visión fina. En las precauciones del bimatoprost oftálmico figura un grupo de personas con más riesgo de que eso ocurra:

  • Pacientes afáquicos: personas a las que se les ha retirado el cristalino y no llevan lente artificial.
  • Pacientes pseudofáquicos con rotura de la cápsula posterior: llevan lente intraocular, pero la bolsita que la sujeta se rompió durante la operación.
  • Personas con cirugía intraocular, es decir, operaciones dentro del ojo, no sobre la superficie.
  • Oclusiones venosas de la retina: una vena de la retina que se ha obstruido.
  • Enfermedad inflamatoria ocular de cualquier tipo.
  • Retinopatía diabética, el daño que la diabetes hace en los vasos de la retina.

Si te reconoces en alguno de esos puntos, la decisión no es tuya ni de una web. Es de tu oftalmólogo, que conoce tu ojo y tu historial. Y por prudencia, tras cualquier operación ocular reciente lo razonable es esperar al alta del cirujano antes de volver a poner nada cerca del ojo.

Insistimos en el matiz, porque es honesto: esa lista está escrita para un colirio que entra en el ojo, no para un cosmético que se queda fuera. La usamos como semáforo de prudencia, no como sentencia.

4. Glaucoma o presión ocular en tratamiento

El glaucoma es una enfermedad en la que el nervio óptico se va dañando, muchas veces asociada a una presión alta dentro del ojo. Se trata precisamente con colirios que bajan esa presión, y varios de ellos son análogos de prostaglandinas.

Ahí está el cruce. Si tú usas un colirio de esa familia y además te aplicas un sérum que contiene una molécula parecida, estás sumando dos cosas que actúan sobre lo mismo. Tu oftalmólogo mide la presión de tu ojo para ajustar tu tratamiento, y esa medición debe ser limpia.

El criterio es claro: no se retira nada por tu cuenta y no se añade nada sin contarlo. Si estás en tratamiento, dilo en consulta antes de comprar. Lo explicamos con más detalle en el artículo sobre qué pasa cuando hay glaucoma de por medio.

5. Menores de edad

El colirio de bimatoprost está indicado en adultos. En niños y adolescentes no está establecido su uso. Ese es el dato duro, y marca la dirección.

Con un cosmético el argumento es distinto pero apunta al mismo sitio. Un menor tiene una piel más fina, tiende a frotarse los ojos y no siempre respeta la cantidad ni la técnica. Y hay algo más importante: si a un chaval se le caen pestañas o cejas, eso hay que mirarlo, no taparlo.

Detrás de una pérdida de pelo a esa edad puede haber un déficit nutricional, una alopecia areata, un problema de tiroides o el hábito de arrancarse el pelo. Ninguna de esas cosas se arregla con un sérum, y usarlo solo retrasa el diagnóstico. Primero pediatra o dermatólogo.

Casos que no son un no, sino un «hazlo de otra manera»

Mucha gente se mete en el saco de las contraindicaciones sin estar en él. Estos casos no prohíben nada, cambian la forma de hacerlo.

Ojos sensibles o que lloran con todo

Sensible no es lo mismo que enfermo. Aquí manda la técnica: menos cantidad, aplicación en la línea de arriba y nunca dentro, y prueba previa en una zona pequeña. Lo desarrollamos en la guía de qué hacer cuando el ojo se queja con cualquier cosa.

Lentillas

No es una contraindicación, es una cuestión de horario. La lente absorbe y retiene lo que le llega, así que el orden y el tiempo de espera importan, como contamos en el artículo sobre cómo combinarlo si llevas lentes de contacto.

Después de un tratamiento oncológico

La caída de pestañas y cejas por quimioterapia es uno de los motivos más habituales para buscar un sérum. Aquí no hay un no rotundo, hay un momento adecuado y una conversación pendiente con tu oncólogo. Está tratado a fondo en el caso concreto de la recuperación tras la quimio.

Alergia previa a un cosmético del contorno

Si ya has reaccionado antes a un producto en esa zona, no significa que vayas a reaccionar a todos, pero sí obliga a leer la etiqueta con lupa y a probar despacio.

Cómo saber si tu sérum entra en la lista dura

Todo lo anterior se vuelve mucho más relevante si tu producto lleva un análogo de prostaglandina. Y eso se comprueba en la lista de ingredientes, el INCI, que es el listado en latín e inglés que aparece en la caja.

La pista está en una sílaba. Estas moléculas suelen llevar dentro del nombre las letras prost: bimatoprost, isopropyl cloprostenate y varios nombres larguísimos que terminan en algo parecido a «prostenolamide». Si ves esa raíz, ya sabes de qué familia estás hablando. Tienes el método paso a paso en la guía sobre cómo detectar esas moléculas en la etiqueta.

Hay fórmulas que renuncian por completo a esa familia y trabajan con otro tipo de activos: péptidos como el myristoyl pentapeptide-17, biotina, pantenol, aceite de ricino, cola de caballo, ácido hialurónico o extracto de guisante. CILARIA es una de ellas. Es una decisión de formulación, y conviene saber cuál ha tomado el bote que tienes en la mano.

Da igual el producto y da igual el grupo en el que estés. Hay signos que no se negocian y que piden dejar de aplicar y consultar:

  • Dolor en el ojo, no molestia pasajera.
  • Visión borrosa o cualquier cambio en cómo ves.
  • Hinchazón del párpado.
  • Enrojecimiento o picor que no cede al retirar el producto.
  • Cambios de color en la piel del párpado o en el iris.
  • Un párpado que empieza a verse más hundido que el otro.

Ninguno de estos puntos se diagnostica leyendo. Se mira en consulta. Si quieres saber qué está descrito y con qué frecuencia, lo repasamos en el artículo sobre lo que puede pasar mientras usas el producto.

La respuesta que buscabas

Hay cinco situaciones en las que no se abre el bote sin pasar antes por una consulta: estar embarazada o dando el pecho, tener una patología ocular activa en este momento, haber pasado por cirugía ocular reciente o tener factores de riesgo de edema macular, estar en tratamiento por un glaucoma, y ser menor de edad. Y el criterio que une a las cinco es siempre el mismo: cuando el ojo tiene algo abierto, ya sea una inflamación, una herida reciente, un tratamiento en marcha o una etapa de la vida sobre la que no existen datos, primero se cierra eso y las pestañas esperan. Fuera de esos cinco casos, el resto de la gente no está ante una prohibición, sino ante una elección: qué fórmula, cuánta cantidad y con qué técnica.

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